En la última década, la Inteligencia Artificial (IA) ha transitado de ser una herramienta experimental a un agente indispensable en la configuración de la realidad cotidiana. Sin embargo, la evolución de los modelos generativos ha difuminado la frontera entre lo orgánico y lo sintético, planteando un desafío ético sin precedentes sobre la veracidad de lo que percibimos. Como señala Cairo (2020), las representaciones visuales no son espejos de la realidad, sino argumentos que pueden ser construidos para engañar al espectador si no se posee una alfabetización visual crítica.
Este fenómeno no solo altera la estética de la imagen, sino que compromete la base misma de la jerarquía DIKW (Data-Information-Knowledge-Wisdom): cuando el dato visual es fabricado artificialmente para engañar, la información resultante es inherentemente corrupta, lo que impide la construcción de un conocimiento ciudadano veraz y, en última instancia, erosiona la sabiduría colectiva necesaria para la democracia.
El presente artículo analiza esta crisis de confianza centrándose en un caso crítico de la agenda pública chilena: la difusión, en marzo de 2026, de imágenes generadas por IA que simulaban avances en la construcción de una zanja fronteriza en el norte del país. El hecho de que autoridades políticas, como el senador Javier Macaya, y diversos medios de comunicación hayan validado y compartido este contenido sintético, revela una preocupante ausencia de filtros éticos y técnicos en la gestión de la información.
Desde la perspectiva del Data Feminism, este incidente permite examinar las asimetrías de poder en el entorno digital: ¿quién posee la tecnología para crear estas realidades paralelas y quiénes son los grupos vulnerabilizados por la desinformación? A través de métodos avanzados de visualización de información, este estudio no solo busca exponer el engaño, sino proyectar una metodología que permita distinguir si la propagación fue fruto de una negligencia automatizada o de una intencionalidad política deliberada. En última instancia, este trabajo propone que el diseño de visualización debe actuar como un acto de resistencia y claridad, devolviendo al ciudadano la capacidad de auditar los fenómenos que moldean su entorno natural y artificial.